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The Knick

THE KNICK

Fascinante. No se me ocurre mejor apelativo para describir la serie. The Knick, es el apócope del nombre del hospital The Knickerbocker en Manhathan, epicentro de la trama.

El doctor Thackery es el jefe de cirugía. Es brillante, ambicioso y antepone su afán en pro de la investigación a la empatía que demanda el enfermo que a veces, parecen conejillos de indias en su mesa de operaciones. Los avances e innovaciones en el campo de la cirugía que persigue tienen un alto coste de vidas humanas. El límite de la ética se cuestiona y traspasa.

Año 1900. Nueva York. Llegan centenares de emigrantes todos los días. Las penurias de esta gente en las tremendas condiciones de una ciudad insalubre -retratadas de forma magistral- ponen a prueba al equipo del hospital. No sólo a los médicos sino a su gerencia, tan importante en la trama como el equipo médico.

Me llama la atención lo bien retratado que está las diferentes clases sociales y sus distintas moralidades… las distintas miradas … el racismo… los aprovechados,.. los ignorantes… la pasión humana que trasciende edades y no hace distinción de clases como tampoco la enfermedad.

En una de las subtramas de la serie vemos cómo una “enfermedad de pobres” afecta a los ricos, en palabras de uno de los protagonistas, y lo más interesante es cómo se desenvuelve esa investigación y sus asombrosas conclusiones.

Es rica la serie en ambientación. No sólo el decorado y vestuario sino la labor de inmersión y documentación de los guionistas en cómo se entretenía la gente en aquella época. Usos y costumbres que me dejan pasmado.

Un ejemplo divertido y bien aprovechado de estos detalles basados en la realidad, lo protagonizan los enfermeros de la ambulancia del hospital, que de una forma natural se lían a mamporros con sus homólogos de otro hospital, por ver quién se lleva al enfermo.

Una serie para aquellos que disfrutan del detalle bien cuidado y elaborado. Quién sienta curiosidad por cómo era, cómo se hacía, cómo se las apañaban o por los primeros pasos, disfrutará de la serie plenamente. Eso sí, la serie se lo pone difícil a quién no tenga estómago para ver un poco de sangre y cierta casquería; no olvidemos que hablamos de cirugías en los albores del siglo XX.

Steven Soderberg dirige todos los capítulos. No hace falta decir más. Está genial. Así como Clive Owen está de premio. La nominación a los Globos de Oro en 2015 como mejor actor en una serie dramática, se me queda corta aunque no le pongo ningún pero al ganador, Kevin Spacey por su brillante House of Cards.

El personaje de Clive Owen está inspirado en William Stewart Halstead (1852-1922), un brillante médico estadounidense pionero en la cirugía. Era adicto a la cocaína y morfina y como curiosidad, fue el precursor de la utilización de guantes de goma en las operaciones quirúrgicas, aunque su impulso fue por proteger una dermatitis de un ayudante y no como medida aséptica en la operación, algo en lo que cayó años después.

Es una serie que recomiendo fehaciente y vehementemente. Me enganchó. Las tramas están desarrolladas tan brilllantemente que las dosis de intriga, misterio, acción, sorpresa y horror garantizan el placer de los más seriéfagos como yo; un plato exquisito para devoradores de series.

Hay una segunda temporada en marcha. La espero con ganas.

INTERSTELLAR

INTERSTELLAR

A 3’90 € se me presentó la ocasión. Demasiado tentador. Y ahí que fui a tragarme las más de dos horas y media que dura la película de los Nolan. Una prueba dura y seria para vejigas sensibles. Tan dura y seria como las fuentes que beben los autores de Interstellar o al menos eso parece. Ciencia ficción pura y dura.

No hay nada ligero. No es una historia para toda la familia. Y casi se necesita ser físico para entender las teorías de lo que están haciendo y sobre todo cómo lo van a hacer.

La segunda mitad del siglo XX (como si estuviera tan lejos en el tiempo esa época) la literatura de ciencia ficción dibujaba planteamientos sobre la raza human y sus posibles, por supuesto, desafíos apocalípticos en los que deben superarse o será su fin.

Había distintos panoramas como la aniquilación por supuesto, el hacinamiento, agotamiento de recursos, nuevas sociedades y cómo afectaría a nuestra humanidad… pero la salvación o solución a los problemas pasaba por viajar ahí fuera, hacia las estrellas.

Como diría el capitán Kirk, el espacio es nuestra nueva frontera por explorar, pero a diferencia de la fantasiosa epopeya que nos presenta Star Trek, aquí se necesita salvar obstáculos científicos, fórmulas, comprensiones de los distintos mundos y peleas entre la física cuántica y la teoría de la relatividad. Y esto es algo que se puede hacer muy, muy, pesado y por eso, las novelas que daban soluciones científicas verosímiles en una especulación futurista se les conocía como ciencia ficción Hard. Sí, dura y sobre todo seria.

Y en Interstellar parece que los Nolan se han dado un atracón previo de esta Ciencia Ficción Hard.

Y serio significa no sólo gravedad (como importancia no como fuerza física tan importante en la película) del asunto que tratamos sino verosimilitud. Pero cómo aplaudir ésta o reconocer si lo consiguen si apenas se comprende la teoría. No te digo ná si además jugamos con cierta paradoja temporal.

Si exponentes de la literatura de ciencia ficción hard, entre otros, había tres autores considerados la triple B (Gregory Benford, Greg Bear y David Brin), en Interstellar me topo con la triple A: Agujero de gusano, Agujero negro, Agujero de guión.

Compro el viaje del primer agujero, observo con cierto asombro la representación del segundo agujero y me decepciono con el relleno del tercer agujero.

La solución que me ofrecen no me convence. Sin desvelar nada, hay una reminiscencia a la película Contact basada en la novela de Carl Sagan, que no me gusta, y no me refiero a la anécdota que Mathew MacConaughey participe en ambas, sino lo que Jodie Foster encuentra en su viaje de gusano y las explicaciones que dan, aquí, en Interstellar, hay otras explicaciones/especulaciones que no me convencen para nada más allá de la paradoja que representan. Y que algún amigo definió como truco. En mi caso, no hay trato.

Hay una cosa indudable e innegable: la factura de la película es excepcional. Tal y como se le presupone con el enorme presupuesto que han manejado para la superproducción (165 millones de dólares) y el gran talento de Nolan dirigiendo, lo corrobora a pesar de no ir dirigida al gran público por su exigencia.

Película que disfrutarán más aquellos aficionados literarios a la ciencia ficción que podrán discutir sobre sus planteamientos que el gran público. Eso sí, es perfecta para que los profesores de las carreras de física y astrofísica se lleven a todos sus alumnos a verla y luego discutan en clase qué es posible, qué no, sus contradicciones y las paradojas que se plantea.

A todos mis amigos frikis de la ciencia ficción es de obligado cumplimiento verla. A todos los demás, que conste que es larga y se les puede hacer pesada.

PEQUEÑAS TRIBULACIONES: La calidad de la sala de exhibición deficiente. Y estoy convencido que no la bajaron por la promoción. Seguro que al día siguiente estaría igual. Sufrí decepciones. Por cierto ¿quién hace las mezclas de sonido que oigo en mi cine? La música por encima de la palabra del actor. ¿El estudio de doblaje? Lo dudo pero puede ser ¿Ha sido Nolan? Pues la cagas, macho. Pero que la pantalla no esté lo suficientemente limpia no es de recibo, oiga. (¿Deterioro? ¿Falta de mantenimiento? ¿Crisis? ¿Caradura?) No sé la razón exacta por la que la pantalla blanca tenía manchas pero me enfadó más que se me olvidara decirlo y pedir hoja de reclamaciones pues salí disparado para poder volver a entrar al centro comercial y buscar un servicio desesperadamente; diez minutos más de peli y no sé yo cómo lo hubiera acabado. Eso sí, si hubiera pagado los 9’5 € que vale habitualmente, seguro que no lo hubiera dejado correr.

Mucho llamamiento para ver “como se debe” una película que fue concebida para disfrutar en pantalla grande y su correspondiente sonido pero en estas condiciones… En fin, que muchas quejas de distribuidoras, exhibidores, productores, ministerios, etc. Pero a la hora de la verdad, lo de siempre: nos lo ponen difícil para ir al cine, sin duda.