31.500 € ¿No me haces falta?

El lenguaje publicitario suele ser el más innovador, descubridor, con la gran capacidad de adaptación a la realidad social que se vive en ese momento y sin embargo, hay veces que sorprenden por su alejamiento de la realidad que vive la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Un anuncio de Mercedes Benz nos hace ver lo alejado que está su target del mundo más cercano que conozco. O sigue instalado en una visión distorsionada para un emprendedor joven que indefectiblemente no tenga a ninguno de sus miembros en el paro y por supuesto, lo de la crisis económica no va con él. Tiene otro mundo a su alcance, el de la ilusión de la publicidad. Esta nos presenta un pacto con el diablo para alcanzar un coche de sus sueños… el tener ese coche conlleva fama, éxito y esas cosas… pero para nuestro joven, alcanzar eso está a su alcance, no necesita pactar con el diablo, porque el precio está a su alcance: 31.500 euros. Sólo eso. No te hace falta pactar con el diablo… Tal vez porque ya lo conozcas y pertenezcas a la casta que ha estado chupando del bote y gracias a su trinque y coloque, privilegios y sobres, desfachatez y amoralidad, te deshueves de ese diablo que parece un aprendiz al lado de los de tu casta. Porque, claro, 31.500 € en un coche no es nada, ¿verdad?. Eso dependerá del estatus del comprador ¿no? ¿Es un precio desmesurado? Depende de para quién y ahí está el quid de la cuestión. Para los que no es un gasto desmedido, son la minoría, esos a los que la crisis les ha afectado en el porcentaje de sus beneficios, pero siguen teniéndolos. El resto, la inmensa mayoría, ve esa cantidad como una fortuna y ese anuncio como un producto de ciencia ficción o fantasía. Pero lo doloroso de la situación es que antes de la crisis existía la ilusión de poder llegar a algún día a tener la capacidad de hacer realidad esa fantasía publicitaria. Esta crisis ha cercenado esa ilusión y lo que es peor, la esperanza.

Esperanza de tantas cosas… de que se acaben las diferencias sociales tan evidentes en este spot publicitario; de que miren por el bienestar de la ciudadanía y no a unos pocos olvidándose de los más desfavorecidos y débiles, aún siendo estos los más numerosos. Esperanza de que los políticos no miren por su imagen o su culo y hagan su trabajo que es mirar por la ciudadanía, toda, no sólo a la que va dirigida el anuncio que suele coincidir con los que pertenecen a la casta política de este país; esa casta que independientemente de sus colores, llevan viviendo a costa del erario público mientras venden que lo hacen por nosotros cuando en realidad, obedece a otros intereses, ya sean directrices del partido, ambiciones personales, imágenes públicas o cualquier memez, sandez propia de estos tiempos.

Esperanza de que terminen de una puñetera vez de tirarse esos pedos y se rían a nuestra costa porque los han pintado de vivos colores y nos los venden como la panacea del éxito y la felicidad, muy bien hecho, por cierto, pero sin renunciar a su esencia porque al fin y al cabo, no deja de ser un pedo.

Y así, con su peste edulcorada, siguen en su nube mientras la mayoría, las pasa canutas hartos de navegar por las cloacas de la realidad, sobreviviendo a las distintas ofensas que esta casta nos somete.

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