Archivos Mensuales: noviembre 2013

“El fin justifica los medios” ¿Locura o tontuna?

No sé si nos hemos vuelto locos o cada vez somos más tontos o los referentes morales e intelectuales se han ido de paseo o a pique, que también puede ser, pero en estos momentos, es una realidad y eso es lo preocupante.

Siempre pensé que los que se escudan en el axioma para justificar tropelías eran hipócritas, cobardes y sobretodo, malvados. Ahora debería plantearme otra categoría: víctimas.

Somos víctimas de una sociedad cada vez más pobre formativa e intelectualmente y por ende, cateta.

No se puede negar la responsabilidad de los medios de comunicación en este panorama por su carácter formativo que todavía tienen, se quiera o no, para gran parte de nuestra sociedad.

¿De dónde viene “el fin justifica los medios”? De los postulados de Maquiavelo en su obra “El Príncipe” a principios del s.XV.

Maquiavelo separó política y ética. El gobernante no puede ser honesto por las obligaciones que conlleva el cargo, pero sí que debe aparentarlo. Separa la política de las conductas éticas o morales y así justifica comportamientos de los príncipes gobernantes de su época a la hora de tomar y conservar el poder.

Si bien el axioma “el fin justifica los medios” se acuña después para explicar o resumir su postulado, actualmente se tiene muy claro que lo cabal, razonable, y bueno para el hombre es justamente lo contrario: que no vale cualquier medio y que los desmanes no se pueden excusar por la obtención del fin perseguido.

¡Cuántas tropelías se han cometido con esa excusa! Tantas para que mundialmente se reconozca que es una barbaridad. No hay fines que justifiquen salvajadas. Es algo que tenemos claro. Parecía algo de gran sentido y principio ético para las sociedades civilizadas… menos para nosotros. Nuestra sociedad lo cuestiona.

Si hay un campo que nos analiza, disecciona, se fija en cómo somos y cómo son nuestras realidades sociales es sin duda alguna, la publicidad.

Sí, ya sé que hay mucho efecto e ilusionismo,  se realzan y se presentan cosas imposibles como si estuvieran al alcance de cualquiera o que no requiere esfuerzo (en los anuncios publicitarios siempre queda todo impoluto  y nuevecito de una sola pasada, aunque en casa luego debas frotar 50 veces; que sí, que gracias a ese producto ya no frotas 100 veces, pero no hay el milagro insinuado de una sola pasada).  Unos lo llaman exageración para presentar las bondades del producto y otros lo llaman directamente, engaño.

En lo que sí prestan mucha atención es al público que va dirigido. “Target” es el término anglosajón usado que significa “objetivo” y nunca mejor dicho, estamos en su punto de mira y nos tienen calados.

Se amoldan a nuestra forma de ser para vendernos su producto. Manejan perfectamente nuestra idiosincrasia. Y por eso cuando nos retratan en la publicidad es que ya somos así.

Y un anuncio me ha asustado. La política y la prensa me indignan en su mal hacer, pero ver nuestra idiosincrasia retratada me ha asustado.

El anuncio lo vi en televisión. El objeto de deseo era una chocolatina. Tan irresistible que cuando sólo queda una, ideamos una treta o engaño al que la posee para hacernos con ella. Funciona. El incauto pica , la trincamos y la degustamos con felicidad, sin remordimientos. Como colofón, una voz en off afirma: “el fin justifica los medios”.

Podían haber mostrado que es tan excepcional que pecamos por ella, que engañamos al que más queremos con tal de conseguirla, que hacemos trampas… incluso si se quiere moralizar se añade alguna redención a la historia, pero no. Se quedan con la esencia que ya ha calado en esta sociedad: el fin justifica los medios.

Da miedo ese espejo mágico donde nos reflejan. ¿Por qué pensamos así?

El gran ejercicio de hipocresía de nuestra casta política, junto al mal hacer de la prensa ha contribuido a que pensemos que efectivamente, tal y como se excusan los políticos y periodistas, había fines que justificaban sus desmanes.

Empezamos sin darle importancia porque nos conviene. Dónde más prolifera es en campos tan frívolos y superficiales como el futbolero, donde el argumento periodístico para justificar porqué se cargan tintas contra uno u otro es porque “se lo merece”. No olvidemos que tiene un consumo amplísimo en nuestra sociedad (el periódico más vendido en España es deportivo). Y eso cala.

Justificamos engaños, exageraciones, tergiversaciones, mentiras y manipulaciones periodísticas porque nos divierte que se lo hagan al de enfrente. “Se lo tiene merecido”. (En España la meritocracia es al revés: se hace méritos para ser atizado, atacado, vilipendiado nunca para ser premiado).

Lo han hecho tantas veces y tan descaradamente que empezamos a ser así. Creemos que hay fines que sí justifican malas acciones. Por supuesto, nuestro problema es que hay tantos fines como ciudadanos de este país.

Hay acciones que por deplorables que sean, para muchos estarán bien porque van contra el que me cae mal y de esta forma tan cateta, caemos en la creencia de que efectivamente, está bien usar medios deplorables para conseguir esos fines que nos molan o divierten.

Tremendo. Pero este es el nivelito que nos gastamos. Al menos el que se ve reflejado en quien mejor nos conoce porque somos vitales para ellos: la publicidad.

No sé si es una locura pasajera o una tontuna que nos ha dado en estos tiempos de demasiada basura. Sea como sea, espero fervientemente que sea temporal y cuanto menos dure, mejor para todos.